sábado, 19 de abril de 2014

El órgano exagerado

-Muy raro.
-¿Qué tiene mi hija, doctor? -La señora congestionaba el entrecejo, formando un surco de piel en donde cabía un dedo.
-Es que… es muy raro lo que encuentro, -repitió el galeno- pero si los síntomas son los que usted dice, no hay otra explicación.
-Es así, es así –casi lloriqueaba la fulana, poniendo los ojos en blanco- no me come, a veces se balancea en la silla, mira el cielo cuando sale a la calle, ¡Y respira de una forma tan rara! Como si no le alcanza el aire, pero sin toser, y…
-Suspiros son. –El médico no le dejó terminar la descripción. -Con esa invasión de órganos, solo le queda el suspiro. Si la observa bien, a la chica no se le nota otra cosa. Tóquele las costumbres usted misma: están en su tamaño y lugar; por otra parte, tiene el talante un poco fláccido, pero es usual que esté así a esta hora. Vea esto: Los hábitos tienen color verdoso, normales… como los suyos, por decir algo, y los vicios… -se agachó, forzando la voz como si estuviera por levantar pesas- …Los vicios cuelgan sueltos ahí, ¿ve? Si estuvieran afectados ya se habrían enroscado sobre sí mismos, tapando la entrada de aire de las voluntades.
-¿Y entonces, qué tiene? –Desbarrancó, ya gritando casi, la matrona.
-Lo único fuera de lugar –dijo sin inmutarse el doctor -es el amor. Fíjese usted misma, señora. Tiene una dimensión gravemente excedida de lo normal. Técnicamente es hipertrofia e hiperplasia del tejido que lo conforma. En criollo, crecimiento exagerado. Le va la vida en ello.
-Qué horror! –dijo la mujer, con los ojos desorbitados y llevándose las dos manos a la boca, como si los labios le dolieran- 
-Cuando el amor se desarrolla de esa manera, -completó con docencia el especialista- todos los demás órganos se turban. El porte se deforma visiblemente, acompaña toda la superficie del cariz que se humedece y al mismo tiempo se congestiona la decencia, que se empieza a ver hinchada y rosa. 
-¿Y qué se puede hacer en estos casos? –La voz de la madre estaba teñida de gravedad.
-Las opciones son solo dos, señora. O se extirpa, o se lo trata con pastillas. En general desaparece.

Abril 16, 2010

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