Se
levantó como una imagen borrosa y desafinada. Más que levantarse, se disolvió.
En un solo movimiento abandonó las sábanas, dejando donde había estado un
laberinto de tela, y se hizo parte del mismo aire oscuro y pesado de la
habitación. Comenzó a transitarlo ocupando sucesivamente una porción del mismo
tras otra. Se fue así transfugando por el corto trayecto que mediaba entre la
cama y el baño. La luz blanca del lugar le devolvió la conciencia, y orinó. En
cada segundo en que lo hacía, sentía que su cuerpo iba recobrando forma,
reincorporándose a la materia y al mundo de los vivos. Al terminar ya era toda
una persona, y los sueños del amanecer habían desaparecido.

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