siembran fotos,
imágenes suyas,
de cuando usted
no era usted.
Pequeños gigantes
que andan lento,
avisando
las miserias
que se vienen.
Precaución.
Semáforos hay
en esta ciudad gris
para recordarnos
los colores
y las formas
de parar.
Duendes de barro
nacidos de las ventanas
traviesas
que abrimos
por suerte.
Los porteros los odian
les echan agua con jabón
en sus cables
sin miedo a la descarga
que recibirán sus hijos.
Semáforos made in Japón
o Dinamarca,
o Canadá, quién sabe.
Tecnología perfecta
para la vida de hoy.
Si va por la vereda,
pare, mire, escuche.
No, los autos no:
esos no tienen remedio.
Rosario, julio de 2015.
Ejemplares de Rhus typhina en rojo, verde, amarillo.



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