martes, 26 de mayo de 2015

El bar de la pimienta

Balsa loca, solitaria
como en un mundo inundado
con locos, putas y parias
en su cubierta bailando.

Trastos y televisores
son sus adornos bizarros.
Hay músicos y cantores
entre paredes de barro.

Si estás en Bahía inmune
a que las negras te mientan
vas a pasar algún lunes
por la calle de Pimienta.

Es un bar, y es una fiesta
adentro y también al lado:
Tocan axé en lo que resta
de un camión desvencijado.

Un vaso de cravinho tiene
mil hierbas del mundo entero,
¡Y ese loco que lo vende
lleva cien en el sombrero!

Una tragedia, unos cueros
y una máscara de alambre
visten a un loco por celos
que matan, igual que el hambre.

Acarajé en la vereda,
capeta hacia el otro lado.
Una multitud morena
y por el medio los autos.

Si querés seguir inmune
a que las negras te mientan
no pases por acá el lunes,
no conozcas a Pimienta.

En el bar se ven primero
los santos del candomblé
y al fondo unos extranjeros
con muchachas de alquiler.

Pimienta es como un ternero
que te contempla, lejano.
Un ángel con sobrepeso:
Bergara Leuman bahiano.

Que bailen de cualquier modo
para que el nombre no mienta:
El calor enciende todo,
es el bar de la pimienta.

Tatiana, que era la moza
se olvida de su trabajo
por la fiebre contagiosa
que le crece desde abajo.

Ya no vas a estar inmune
a que las negras te mientan
si te venís este lunes
a ver el bar de Pimienta.

San Salvador de Bahía, enero de 2005





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