Balsa
loca, solitaria
como
en un mundo inundado
con
locos, putas y parias
en
su cubierta bailando.
Trastos
y televisores
son
sus adornos bizarros.
Hay
músicos y cantores
entre
paredes de barro.
Si
estás en Bahía inmune
a
que las negras te mientan
vas
a pasar algún lunes
por
la calle de Pimienta.
Es
un bar, y es una fiesta
adentro
y también al lado:
Tocan
axé en lo que resta
de
un camión desvencijado.
Un
vaso de cravinho tiene
mil
hierbas del mundo entero,
¡Y
ese loco que lo vende
lleva
cien en el sombrero!
Una
tragedia, unos cueros
y
una máscara de alambre
visten
a un loco por celos
que
matan, igual que el hambre.
Acarajé
en la vereda,
capeta
hacia el otro lado.
Una
multitud morena
y
por el medio los autos.
Si
querés seguir inmune
a
que las negras te mientan
no
pases por acá el lunes,
no
conozcas a Pimienta.
En
el bar se ven primero
los
santos del candomblé
y
al fondo unos extranjeros
con
muchachas de alquiler.
Pimienta
es como un ternero
que
te contempla, lejano.
Un
ángel con sobrepeso:
Bergara
Leuman bahiano.
Que
bailen de cualquier modo
para
que el nombre no mienta:
El
calor enciende todo,
es
el bar de la pimienta.
Tatiana,
que era la moza
se
olvida de su trabajo
por
la fiebre contagiosa
que
le crece desde abajo.
Ya
no vas a estar inmune
a
que las negras te mientan
si
te venís este lunes
a
ver el bar de Pimienta.
San Salvador de Bahía, enero de 2005



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