Piloto de avión
Aferrando
la doble curva
del comando.
Mis manos acarician
y empuñan,
y la nave inmensa y alucinante
se mueve majestuosa y ondula
con una leve presión o un giro.
Maquinaria compleja,
creación maravillosa,
puede subir
a diez mil metros
o desarmarse en mis manos.
Temperatura, luz, velocidad
al apretar un botón.
Raras veces carretea,
vuela como su sino.
Creo que la hicieron en el aire.
Más arriba de los cirros,
le colocaron las alas.
Me encontré con ella en el cielo,
entre corrientes ascendentes
y nubes tenues.
Yo ensayaba manotazos para flotar
y sin esperarlo entré en ella.
Y aunque muchas veces vuela sola,
tengo ahora un oficio.
Piloto de avión,
aferrado
a la doble curva
del comando.
Aprendiendo urgente
los instrumentos,
leyendo, leyéndola.
Manteniendo desesperado
la nariz alta
y la velocidad de los motores.
Aterrizando y despegando
con cuidado. La vida
de esta creación maravillosa
está en mis manos.
Por amor, la cuido,
y por instinto de supervivencia,
porque desde aquella vez
entre las nubes tenues,
mi propia vida
va adentro de ella.
Rosario,
1/8/09
Despedida.
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