A veces
el espaciotiempo
se arruga,
se pliega,
se anuda
y ojala
un botón
en otro lado
A veces,
sólo a veces,
en ese ojal abrochado
se escuchan voces
voces suaves
que van y vienen
Están juntas,
cuchichean,
se suspiran
Se confiesan,
se hacen mimos
orales,
se hacen reír.
A veces,
Para algunos,
el pliegue
se ve de lejos
como un imposible,
como una torsión
inexistente,
como un sinsentido
del universo.
Pobres,
los que miran de lejos.
El que quiere mirar,
ve.
Nos ve nítidos,
como si estuviéramos
enteros.
Yo te veo:
ahí estás,
como una topadora
derribando mitos,
alzando
una espada de ternura
donde las lianas
de la selva
de sombras, hombres
y ríos de ruidos
no cede el paso.
Ahí vas:
yo te digo dai,
como en Italia:
dale, avanti,
siempre así
Enarbolando la palabra
que demuele
los edificios
de los ególatras
y los muros
de los prejuicios
Dai, avanti:
la vida premia
a los que
no miran
para atrás.
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