Lejos.
Está lejos el final
de este cordel
tenso,
prendido su extremo
en el esternón.
No verlo,
no tocarlo,
equivale
a un hueco.
Mirás al río, lo seguís
hasta el mar:
quizás el agua
pueda hacer la magia.
Encadenarse,
remontar abismos,
evitar costas
y llevar tu palabra
contracorriente,
al otro río.
Tomar una forma,
un modo de salpicar,
un reflejo de plata
fugaz,
un temblor
que la diga.
No hace falta
traducción
ni tampoco aviso:
ella va a estar
esperándola
con su hueco,
su cordón,
en la orilla,
cerca.

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